Codornices
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El primero fue una obra que capturó una escena cotidiana en la casa de Benja y Cami en Aculeo, un momento simple pero lleno de vida que luego se convirtió en inspiración para creaciones posteriores. Cuando Ana María vio este cuadro, se comunicó conmigo con una solicitud especial: quería que pintara algo para su madre, quien vivía con Parkinson y pasaba la mayor parte del tiempo en casa. Su madre amaba observar esa escena veraniega, esa tranquilidad que transmitía.

Juntas fuimos dándole forma a la obra, y naturalmente surgió la idea de que fuera mucho más que un cuadro: una representación de su propia familia, sus momentos, su historia. Fue un honor ser parte de ese proceso creativo y, más aún, poder contribuir a iluminar los días de alguien con arte. Esos pequeños gestos, esas obras que trascienden lo visual para tocar el corazón, son los que realmente dan sentido a lo que hago.