Gran Abuelo:
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Felipe y Maca me encargaron una obra especial: pintar el árbol más antiguo del mundo. Se trata de un alerce milenario con más de 5.400 años de edad, ubicado en el Parque Nacional Alerce Costero en la Región de Los Ríos, Chile. Con sus 4 metros de diámetro, este gigante verde representa un desafío artístico único: capturar la complejidad de sus ramas, grietas y cicatrices que el tiempo ha dejado grabadas en su corteza.
Trabajar en esta obra requirió un estudio detallado de cada elemento. Cada rama, cada grieta y cada textura cuenta una historia de supervivencia a lo largo de milenios. Observar y plasmar estos detalles fue como leer las páginas de un libro viviente, donde cada marca representa eventos climáticos, sequías y tormentas que el árbol ha enfrentado. El proceso fue minucioso y exigente, pero también profundamente gratificante.
El resultado es una obra cargada de historia y significado. No es solo un retrato botánico, sino un tributo a la resistencia y la belleza que solo el tiempo puede crear. Este alerce milenario sigue en pie después de miles de años, recordándonos la importancia de preservar estos tesoros naturales que conectan nuestro presente con un pasado remoto.